Sobre el estado actual del Blog

Blog de Juan Gregorio

No tiene por qué saber el lector, que este Blog se acerca a paso raudo hacia las mil entradas. La que estás leyendo, sin más, hace la número novecientos noventa y tres –por ahora. Algunos amigos –lectores primeros hace algunos años- me insistieron en que lo que aquí se publica estaría mejor en edición en papel. En un libro, digamos. Y he de reconocer que no ando tan lejos de esa opinión amigable. Algún obstáculo razonable me tiene, sin embargo. Por ejemplo, la prolijidad casi cotidiana con que escribo, pues ponerme al ordenador al finalizar el día se ha convertido en hábito comunicacional conmigo, contigo lector también, y también con la escritura. Por otro lado, el inconveniente al respecto de la imprenta es el grosor del volumen –oneroso con vistas al almacenaje de stock, y a la comodidad manejera en la mano del viandante. También empece, a mi vista…

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Oxford park

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Para Angélica Cerezo

Olvida toda lluvia,

los nublados momentos,

y el piso de alquiler que de nuevo compartes

donde no hiere el sol

ni si quiera en la faz del mediodía

de un domingo de marzo.

Olvídate del tren henchido de bostezos

que, adormilado en la mañana,

no logras despertar

por mucho que madrugue tu osadía

y adelantes las horas

que alejan la estación de tu trabajo.

Olvídate del tráfico

-de la marea animal

que surca la atestada bocacalle –

donde sola te hundes

sin apenas un paso que no afirme

la huella de no verse

mas libre o mas atado que las puertas

giratorias del metro.

Olvida toda nieve,

es cosa del invierno

apagarse despacio

bajo el labio del estío,

y bebe de las alas

del batiente countryside,

o del lento crepúsculo

en University park

cuando a veces despuntan los destellos

de julio -cristalino-.

No ves que ahora la tarde

ya no es extraña ni oscura

y que cubre tu piel

con esta hierba de lino

que hoy viste tus pupilas.

Dejemos que el silencio nos habite

en el remanso de este parque,

pues, cuando el invierno repose

sus alas blancas -nuevamente-

en el dintel de tu ventana,

hallarás el camino de regreso,

siguiendo la alegría de tus pasos,

a un recuerdo de luz

donde mora el fulgor de toda dicha.