Un beso me ofreciste en la mejilla, solo un beso, mas mi piel que es sensible, a cualquier estipendio de tu cuerpo, se ha quedado prendida, del vértice preciso de tus labios.

La luz que hubo en tu muerte
no fue la luz más pura,
pues sin dudar tu cerrada pupila
nos abrió más los ojos
que cualquier despedida.

A Mariano Galián Ballester, in memoriam