Llama de amor viva . San Juan de la Cruz

San Juan de la Cruz

(1542-1591)

Llama de amor viva

¡Oh llama de amor viva
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva
acaba ya si quieres, 5
¡rompe la tela de este dulce encuentro!

¡Oh cauterio süave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado
que a vida eterna sabe 10
y toda deuda paga!
Matando, muerte en vida has trocado.

¡Oh lámparas de fuego
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido, 15
que estaba oscuro y ciego,
con estraños primores
color y luz dan junto a su querido!

¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno 20
donde secretamente solo moras,
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!

Eloy Sanchez Rosillo

Entonces

 

Nadie nos escucho, nadie lo supo.

Pero tú si me oíste hasta el fondo de ti

y sin ninguna duda lo supiste.

También yo estuve al tanto

de aquel decir cifrado de tus ojos

que, trémulo y audaz, iba llegándome

para que yo tan solo logrará comprenderlo.

Y no, no pudo ser, no pudo ser,

porque hay cosas que no deben cumplirse,

aunque con tanta fuerza y anhelantes

broten de lo más hondo.

Qué tremenda verdad de luz tan triste

y de tan lenta muerte.

Muerte que nunca muere y que es también

infinita alegría, pues nació

de un centro eterno y puro.

 En algún otro mundo, en otra vida

de las que nos aguardan en la rueda del tiempo,

sucederá de nuevo y para siempre

ese fuego hermosísimo que ahora

no alcanzó a propagarse

sino en las galerías del deseo.

Y entonces arderá como él disponga,

con la voracidad de su albedrío,

sin que nada ni nadie nos salve de sus llamas

ni consiga impedir que nos calcine.  

 

Oír la luz. Eloy Sánchez Rosillo

Fernando de Villena

Heraldos

 

Aquellas nubes vienen desde el mar;

en sus contornos llevan la transparencia,

la luz rosiplata con que hilan las sirenas.

 

Aquellas nubes sobre las difusas montañas

son heraldos de azules horizontes móviles

por donde algún día avanzaré

sobre inseguras tablas

hasta la tierra donde los sueños y la realidad

aún confunden sus límites.

Aquellas nubes ágiles como gaviotas

guardan la música de los hexámeros homéricos,

penetran por mis ojos tal espuma en la arena,

aroman de sal y yodo mi sangre.

 

Aquellas nubes frágiles como flores de azahar…

 

Salgo a su encuentro con la emoción

de quien recibe a una doncella hermosa

en ledos esponsales.

 

ARCO DE ROSALES. Fernando de Villena

A CONTRATIERRA

Por Juan Gregorio Avilés

En el magno volumen que publicó al final de sus días, Entre asombros y gozos, la Palabra, Juan Gutiérrez Padial quiso hacer una recopilación de sus poemas. Sin ser una obra completa, en dicho volumen quedó recogido cuanto –en verso- este autor trasladó a libros a lo largo de su vida. Con un añadido final: esos ámbitos siderales en los que quiso conservar para siempre unos pocos poemas nuevos o inéditos. Entre los papeles que custodia la Asociación Cultural “Juan Gutiérrez Padial” de Lanjarón, hay uno numerado con la signatura A-31. Se trata de una copia mecanografiada del poema Cantata Bíblica, cuyo texto está recogido entre los de nueva factura a los que antes se aludió. Está dedicado a Manuel López Vázquez, mago de los pinceles, y tiene fecha de 3 de diciembre de 1992. Se trata de un poema rotundo, hímnico…

Ver la entrada original 347 palabras más

Vicente Gallego

CÁNTARO
                                                                                                                             A Pere Rovira

Naciste
con nosotros,
cuando irguieron los hombres
con dolor sus espaldas
y en lo alto escrutaron lo que somos:
la esperanza y el pánico del cielo.
Eres,
cántaro humilde,
el hijo primogénito
del genio de la especie,
y eres también de su codicia el padre.
Soñó nuestra intemperie allá en su aurora
tu regazo custodio de los dones,
y fuiste encarnación
de un arcano apetito:
la huraña saciedad hecha forma sumisa.
Eres,
cántaro dócil,
arte puro en la ciencia de vivir,
floración en arcilla
de la razón primera,
orgullo de un pensar menesteroso,
primordial recipiente
donde a fuego esculpió
su condición sedienta el alma humana.

Te cambiarán el nombre los idiomas,
transformarán los tiempos tus hechuras,
pero será común nuestro destino,
pobre cántaro hermano,
mientras el hombre dure,
porque el hombre guardó su esencia en ti
y te creó a su imagen:
cuerpo oscuro de barro
donde habitan la miel y el agua clara.

                                                                                                                             

                                                                                                       Santa deriva. 2002.

Juan Gregorio Avilés. Primer poema de un libro primero.

Magnífico poema, impecable. Tengo la suerte de poseer un libro de esa edición irrepetible, cuando todavía los libros se editaban con un carácter casi místico, que invitaba a deslizarte en una atmósfera distinta a la presente. Guardo con verdadero cariño este poemario, por su valor sentimental y poético.

Blog de Juan Gregorio

En 1986 y en la Librería Anticuaria El Guadalhorce, de Málaga, publiqué Alminares del Olvido, mi primer poemario. Esta obra se halla agotada, hace ya mucho tiempo. Reproduzco aquí el poema inicial, dedicado a José Heredia Maya. Se titula

                                         INVOCACIÓN

…si me llamaras, sí,

si me llamaras…

 Pedro Salinas

Si tú nacieras cual divina Venus,

miríadas, miríadas de arcángeles

tu rostro acariciaran entre espuma.

Si tú, de entre los mares,

lentísima, lentísima surgieras,

llamaras en los frágiles cristales de mi sueño,

llamaras con tu pecho, con tus ojos,

con tus labios hicieras en la noche tu morada sobre el beso…

Palabra, verso mío, si nacieras, si llamaras,

si,

si me llamaras…

©

Ver la entrada original

Eloy Sanchez Rosillo

La playa

Nadie podrá quitarme —me digo— la ilusión
de soñar que ha existido esta mañana.
Se ha detenido el tiempo: oigo tu risa,
tus palabras de niño. Nunca he estado
tan conforme con todo, tan seguro
de mi alegría. Juegas junto al agua, y te ayudo
a recoger chapinas, a levantar castillos
de arena. Vas corriendo de un sitio para otro,
chapoteas, das gritos, te caes, corres de nuevo,
y luego te detienes a mi lado y me abrazas
y yo beso tus ojos, tus mejillas, tu pelo,
tu niñez jubilosa. El mar está
muy azul y muy plácido. A lo lejos,
algunas velas blancas. El sol deja
su oro violento en nuestra piel.
                                                     Me digo
que es cierto este milagro, que es verdad
el inmóvil fluir de la quieta mañana,
la ilusión de soñar el remanso dulcísimo
en el que acontecemos como seres
dichosos de estar vivos, felices de estar juntos
y de habitar la luz.
                             Pero escucho, de pronto,
el ruido terrible y oscuro y velocísimo
que hace el tiempo al pasar, y la firmeza
de mi sueño se rompe; se hace añicos
—como un cristal muy frágil— la ilusión
de estar aquí, contigo, junto al agua.
El cielo se oscurece, el mar se agita.
Siento en mi sangre el vértigo espantoso
de la edad: en un instante, transcurren muchos años.
Y te veo crecer, y alejarte. Ya no eres
el niño que jugaba con su padre en la playa.
Eres un hombre ahora, y tú también comprendes
que no existió, ni existe, ni existirá este día,
la venturosa fábula de mis ojos mirándote,
la leyenda imposible de tu infancia.
Estás solo, y me buscas. Pero yo he muerto acaso.
Somos sombras de un sueño, niebla, palabras, nada.

 

                                                                                           Autoretratos. Barcelona. 1989

Carlos Marzal

CÁLCULOS INFINITESIMALES

La luz de esas estrellas ya ha ocurrido.
En una lejanía inapropiada
para nuestra penosa sensatez,
ya han muerto las estrellas que miramos.
Millones de millones de años luz,
agujeros del tiempo inconcebibles,
la confabulación de la energía,
más allá de cuanto nos resulta soportable,
en una aterradora fiesta sin nosotros.
Todo el escrupuloso asombro de la ciencia
parece que conduce hasta este asombro
con que contempla el cielo un ignorante.
Según nos dicen, hay que seguir viviendo
cercados de preguntas sin respuestas.
Nuestras lentes exploran las galaxias
y nuestra pequeñez sólo es tangible
en el inmaculado abismo de los números,
en el sagrado horror
de cálculos infinitesimales.

¿Hacia dónde conducen estas cavilaciones
de aturdido astrofísico? Estas cavilaciones
no conducen. Estas cavilaciones ya han estado,
ya han sido desde mí en otro yo que ha muerto
en la distancia. Todo lo que refulge es luz marchita.

Ser es un fui que un no soy yo contempla
desconcertado desde un planeta ajeno.
La Historia y el futuro han sido para siempre
y acosan desde lejos, ya ocurridos.
La vida es la nostalgia incorregible
de habitar un rincón del firmamento
que sólo se ha erigido en el pasado
y cuyo planisferio hemos perdido.

Así que cuando te amo ya te he amado.
El dolor que te causo y que me causas
es un dolor tan viejo que no duele,
aunque puedas pensar que está doliéndonos,
y ese fuego eucarístico en el que me consumo
es un simple capricho de las cronologías,
un voluntario error de apreciación
con respecto al pasmoso suceder de las cosas.
Nuestra felicidad ya no nos pertenece,
vivimos de prestado en lontananza,
que es el inconcebible tiempo de las constelaciones.
La perpetua ordalía de tu cuerpo
es el altar de una ciudad hundida
en donde los ahogados de mí mismo
aún mantienen un culto que ha perdido a sus fieles.
El temblor de quererte, el estremecimiento
de coincidir contigo en esta nada
quizá es una ilusión de mi memoria astral.
Y el caso es que no importa.

No importa que no podamos ser, porque hemos sido;
no importa que en ti no pueda estar, porque ya estuve,
no importa si lo que ya ha acabado nunca nace.
Me incumbe la conciencia del álgebra celeste
y en lugar de alejarme de ti los números me acercan.
No puedo comprender esas distancias
y aunque las comprendiera no las vivo.
Hay una plenitud crepuscular
en la conspiración del universo
para que no nos encontremos tú y yo.
Ya no concibo una embriaguez más grande
que ese convencimiento con que irradias
la falsa luz de las estrellas muertas.

Carlos Marzal. Metales pesados. 2002

Fundación Juan March

Navegando por la red he encontrado los documentos resumen de las conferencias que imparte esta fundación desde el año 2004. Estos documentos se componen de 3 secciones. La primera, un breve análisis de la poesía del autor. La segunda una disertación sobre poética y poesía del mismo, y finalmente, una selección de poemas. Estos documentos pueden ser un punto de aproximación en la lectura inicial de poetas desconocidos para el lector o quizás una nueva visión de algunos poemas para los ya leídos.

http://www.march.es/buscar/?cx=004810585498246649697%3Aqmhw_m4lqz4&cof=FORID%3A11&ie=utf-8&x=0&y=0&q=poetica+y+poesia+documentos