Réquiem por un sueño

Poema con gran influencia en las lecturas de la poetisa Dionisia García, a la que además tomo prestado el verso “en un jaular sin vuelo” en este poema. 

 

Réquiem por un sueño

                                                                                                  

Días pasando

atrapadas las redes del suicidio,

noches en tregua

en parpadeo de jirones titilantes.

Antiguo relicario

mar de cristal

con su hielo fundido día a día,

cuando perenne

acudo a la oración desesperada:

Aurora de maitines

segundos de un fulgor -que al alba fuera eterno-

temblando, lentamente,

como frágiles hojas del otoño.

Para siempre, mi Amor,

-en tu rostro lejano un para siempre-

y hendido en los ijares

pesado como plumas de gangrena

en un jaular sin vuelo,

plomizo y terregoso.

Suenas lejana,

a millares de lunas de un augurio

“Valencia y nuestra pequeña historia de verano”

Valencia  y nuestra pequeña historia de verano

                                                                              Para mis primos.

Cuantas veces

en las tibias noches de Agosto

cuando la Luna ocupa el firmamento

-con esa potestad de lo que es suyo-

me he acordado de vosotras

alegres noches de estío.

Cuantas veces

después que extenuados

de burlar el precipicio de sus ramas

y exprimir el color de sus naranjas,

despiertos y en la cama

-inocentes-

cual frágiles lobeznos

hablamos bendecidos por la Luna.

Y aunque hablamos tan llenos de inconsciencia

-que dicen los mayores-

del más mínimo sueño introvertido

que brotara entre risas

de los labios desnudos cual chiquillos.

Esas noches

-dormido ya el resto de la casa-

conseguimos abrir aquella puerta,

cerrada según dogma

a la hora irreverente de los grillos,

para ver diluirse

-misterioso-

el manto azul de las estrellas.

Cuantas veces me he acordado de vosotras

vivaces noches de estío.

Y es ahora,

sentados al remanso de la plaza

después de una noche

entre vidrios vacíos y ceniza,

entre historias de escarcha

que condensan

y se ofrecen a los pies

de la diosa madrugada.

Ahora es cuando he visto,

aquel fulgor antiguo en nuestros ojos

que nace cuando un niño

y en secreto, contempla,

desnudo el blanco vientre dela Luna.