Tu tristeza, poema de arte menor.

Tu tristeza

Para A. Galián

Me cuentas que andas triste

por ser mis ojos, candiles,

que iluminan cualquier soplo

de oscuridad titilante

bajo el pliegue de una pluma.

 

Mas no es el amor el vuelo

sino el ave que zurea

en el nido de tus manos

al trenzar de tus caricias.

 

No es el amor el solsticio

de aquel élitro batiente

que acaricia mis pupilas;

sino esquiva mariposa

de tu vagar suspendido

que va posándose -lento-

como una gota de mimbre

sobre el estambre sumiso

del pulgar de mi deseo.

06-02-2014

A veces pienso en la distancia

A veces pienso en la distancia

A veces pienso en la distancia,
que separa tu imagen de mi sueño,
ese pequeño umbral de eternidades
que discurre paciente, tan preciso,
entre tu bruma y mis dedos temblorosos.

Y si te alejas, si dilatas
la distancia en un abismo,
perdería el cristal de tu figura,
el reflejo indeleble de su trazo
perfilando los márgenes de un sueño.

O quizás,
tentada por la rueca
que hilvana los matices de tu rostro,
-en la pura intuición de mi horizonte-
quisieras acercarte,
y acaso condensar las hebras de un ensueño.
No dudes que el misterio dilatado que nos tensa
quebrara en un susurro,
cual pompa de jabón en el vacío,
tras el tacto estridente de mis manos.

Primer poema de un próximo libro

Pequeñas supernovas

                                                 

                                                                                      A Juan Pablo Cerezo Galián 

Minúscula y concéntrica energía

que súbita salpica -dilatada y precisa

a un solo instante-

un líquido chispazo tan preciso

que inflama la quietud del universo.

Pues tus dedos concentran

destellos diminutos resueltos a irradiar

el sólido fulgor de un leve tacto.

Son precisos cometas impacientes

que buscan en la órbita materna

-ajenos al vacío-

la frágil colisión de una caricia.

Que insondable concentre

cual pequeño Big-Bang de algarabías,

el principio de toda tu existencia.

Y en verdad son proclives

al misterio de atraer en cada gesto,

partículas de nada que fusionan

y se estrellan en tu tacto,

cual fulgor de magnética textura

que nos sume-quiescentes-

al mero gravitar a tu albedrío.

Y giramos cual gélido planeta,

en la insólita galaxia

de tus manos, pequeñas supernovas.

El cisne

El cisne

No es lugar este mundo

para el sueño blanquísimo del cisne:

-Su armónico desfile

cual silueta de quimera definida,

tan denso se desliza,

tan sutil que apenas ondulara

la tensa cabellera de las aguas-.

No es el mundo lugar,

para armónicos desvelos levitantes,

de sólido suspense

de instante cerámico que quiebra,

y cae en el delirio

del vuelo imposible de la estatua.

No es lugar este mundo,

para el súbito cisne en su aleteo,

de quiebro tan liviano

que rompe las pupilas del instante,

y se aleja volátil,

diluyendo -densísimo en su vuelo-

el sueño mineral de la alegría.