Pixel

 

Hanna es tan solo un nombre,

una definición, un gesto,

un impacto de pluma que se expande

perdido entre la brisa y su burbuja.

Y si además del nombre

se muestra su figura en la pantalla

-Hanna- se hace cuerpo

más allá del pixel o la huella.

Y se convierte en la frontera de lo ignoto,

en el límite mágico que a veces se conforma

al brillo de una imagen.

 

Ojalá esa esfinge,

esa bóveda de labios,

se torne, en otros ojos,

en el vocablo vivo

que sea capaz de, sin tocarle las pupilas,

atravesar el vientre de sus párpados.

Y así –Hanna-

te condenses del “byte” a la ternura

del timbre de la estrofa,

hasta llegar a ser, al menos,

la auténtica nostalgia de ti misma.

Anuncios

Pequeño

Vivo en la ciudad pequeña
de una comarca pequeña,
en un estado pequeño
de un continente pequeño.
Vivo en la esfera  pequeña
de alguna estrella pequeña,
en un sistema pequeño
de una galaxia pequeña.
Y sin embargo el deseo,
por extraño que parezca,
es tan grande, tan omnívoro
que consume mi universo.

Vida

Vida

La vida, incontenible, se desata

desde el origen mismo de su centro

hasta la cúspide finita de este día.

Ella es la fuerza incontenible,

el valor absoluto que subyace

en cualquier relativo movimiento.

Ella es el todo en nuestra nada,

burbujea en la espuma de las aguas

del mar eléctrico de invierno,

o en las pupilas tenues que lo miran

con la nostalgia del estío y sus promesas.

Se intuye por la risa de aquel niño

que no conoce el barro ni la duda,

o en las mejillas del anciano

colmadas con el poso del incienso.

Estas entre mis dedos

en el preciso instante en el que escribo

estas palabras, este verso,

la tinta derramada que solo pertenece

a tu reino infinito,

a tu continuo acontecer ineludible.

Nunca  podremos poseerte,

como doncella alada te consumes

al expirar de nuestra vejez inexorable

para buscar otras mejillas,

otro surco de nervios infalibles.

Sin embargo esta tarde,

mientras escribo este poema,

me embriago de tu sal de almíbar cristalino,

y bebo de la tinta de su esencia

sintiendo el espejismo, profundo, de tocarte.

Y te amo como lluvia

que se funde al fulgor inacabado

de las aguas sin tiempo de tu rostro.

Aquellas que conducen los páramos abiertos

de toda material inexistencia.

Siento que palpo tu deriva

y me sumerjo en el matiz del infinito,

y que por un instante,

por tan solo un segundo de pestañas,

beso tu piel evanescente.

Como se besan, a lo lejos de este plaza,

siendo sin ser, sin haber sido,

inconcebibles, los amantes.

Mostar

image

La guerra aún se esconde

en el temblor de tu mirada.

Esta en la punta de tus dedos

si señalas la orilla opuesta

del puente viejo y sus heridas.

Ellas sangran todavía

igual que lo haces tú,

de una manera casi imperceptible

que solo el visitante, que mira más allá

del estruendo de tiendas y vasijas,

es capaz de observar completamente.

Y mientras otros jóvenes

juegan a deslizarse sobre el río

y salpicar de indiferencia

las llagas de mortero en las paredes,

tu mano temblorosa,

al pronunciar los llantos nos recuerda

la lágrima escondida en cada muro

A Daniella, guía de Mostar, y a todos aquellos que sufrieron la guerra en los balcanes. 28-06-15