Algo extraordinario

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XVIII  (Aunque es de noche)

 

Hay una luz más profunda que la luz

enhebrando el cristal de la mañana

con un destello puro y lacerante,

aunque es de noche.

 

Yo sé de donde brota

y puedo ver su oculta claridad

en las negras pupilas de los hombres,

aunque es de noche.

 

Y aunque la hallo en cada rostro

no puedo contenerla,

irradia más allá de mi domino,

aunque es de noche.

 

Es tan pura la fuente donde mana

que solo puedo explicar lo que no entiendo

que esta llama tan viva nunca cesa,

aunque es de noche.

 

Y esta luz que se ofrece desde el fondo

solo busca prender en cada hombre

con el claro fulgor de su misterio,

aunque es de noche.

 

Pues rompe la razón de lo esperado,

penetra en la pupila de los hombres

y atiza un chispazo de esperanza,

aunque es de noche.

 

Yo solo soy la lente para el ojo

que os trasmite la luz como la observa

desde el mismo epicentro de su llama,

aunque es de noche.

 

Inspirado en la canción de Rosalía

Beso

Beso

Medimos cada beso.

Lo usamos como arma arrojadiza,

como aguja en lugar de como hilo.

No suponen el logro del amor:

-Es solo la demanda del afecto

la que ofrecen si son en la mejilla-.

No buscan la caricia de otra fiebre

que humedezca las lágrimas o el iris.

Pues no hay obsequio sino súplica

que espera en su cinismo

la réplica distante

de otro labio sin pulso ni cadencia.

Algo extraordinario

Voy a hacer algo extraordinario,
algo que realmente no aguardes,
como darte un beso mientras tus dientes muerden otra boca,
o pedirte perdón
antes, incluso,
que tu piel sienta el tacto
de mis sucias pupilas.
Si, hoy lo he decidido,
me comeré la rutina desde el hueso,
allí donde no espere mi colmillo,
para que no escape con su vuelo
de honda indiferencia.
Allí es donde puedo rodearla
con un abrazo inesperado,
detrás de algún semáforo,
o con la escucha atenta
de alguna estupidez
que quieras comentarme.
Porque hoy voy a lograr
algo extraordinario,
como creer que es posible
el milagro del amor
en el altar podrido de mi carne.

Pixel

 

Hanna es tan solo un nombre,

una definición, un gesto,

un impacto de pluma que se expande

perdido entre la brisa y su burbuja.

Y si además del nombre

se muestra su figura en la pantalla

-Hanna- se hace cuerpo

más allá del pixel o la huella.

Y se convierte en la frontera de lo ignoto,

en el límite mágico que a veces se conforma

al brillo de una imagen.

 

Ojalá esa esfinge,

esa bóveda de labios,

se torne, en otros ojos,

en el vocablo vivo

que sea capaz de, sin tocarle las pupilas,

atravesar el vientre de sus párpados.

Y así –Hanna-

te condenses del “byte” a la ternura

del timbre de la estrofa,

hasta llegar a ser, al menos,

la auténtica nostalgia de ti misma.